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Es un municipio de la comarca de la Campiña de Jaén, situado en la margen izquierda del Guadalquivir, al norte del municipio de Jaén, y a tan solo 31 km. de la capital y a 24km de Andújar.
Es una localidad eminentemente agrícola, siendo el cultivo principal el olivar, tierras de cereales y huertas.
La obra arquitectónica principal con la que cuenta es la iglesia parroquial de Santa María Magdalena.
Este pequeño municipio del este de la comarca de La Campiña es eminentemente agrícola, ya que las tierras labradas suponen la totalidad de su superficie. Es de los pocos municipios en los que el olivar está en minoría, junto con los cultivos herbáceos, aunque el olivar, que está en claro aumento, supone la mayor fuente de ingresos. El norte del término llega a tocar el río Guadalquivir y en esta pequeña zona se cultivan algodón y maíz. La caza menor, en especial de la liebre y de la perdiz, es abundante debido a que estas especies encuentran en los terrenos de campiña el lugar idóneo para la alimentación y la cría.
En el centro del casco urbano se encuentra su edificio más significativo, la iglesia parroquial de Santa María Magdalena. Sobresale por su volumen y altura, así como por la calidad de los materiales constructivos y su belleza artística. Llama la atención la prestancia de su torre. Su construcción debió acometerse en el siglo XVII.
Pegada a la iglesia parroquial se encuentra la denominada Torre de Calígula, un torreón semicircular del antiguo castillo. Torreón que fue declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía en el año 1985.
También hemos de destacar la Casa Carrilera, del siglo XII y la Casa del Pósito, hoy reconstruida por su actual dueño.
Cazalilla está situada en la Campiña alta jienense y participa plenamente de las características de esta comarca: zonas alomadas con pendientes muy suaves en las que el cultivo principal es el olivar, incluso en la zona de las vegas y de regadío.
Cerca del núcleo de población se encuentra el Charcón de la Virgen de la Cruz, área recreativa ubicada sobre un antiguo vertedero recuperado como zona verde y que cruza a través de un puente el primero de los anteriores arroyos. Vinculada a estos cursos de agua encontramos una típica vegetación de ribera, en la que destacan juncos, carrizos, cañas, berros, y eucaliptos, álamos, olmos y sauces llorones.
Otras zonas de esparcimiento para la población y los visitantes de Cazalilla son el Parque Pilar de la Dehesa, lugar de ocio y descanso que dispone de áreas de sombra con barbacoas, fuentes de agua y mesas, en una de las cañadas ganaderas que atraviesan la Campiña, y el Pilar Viejo, zona recreativa equipada de merenderos y buenas vistas a la Campiña.
También merece especial mención el Cerro de la Coronilla, situado en el cortijo de la Atalaya, lugar en el que se ha identificado el primer asentamiento importante de Cazalilla, configurado gracias a su altura como elemento integrante de un sistema defensivo estratégico de la zona en la Edad del Cobre.
El 3 de febrero se celebra la Festividad de San Blas, muy querido por los vecinos no solo de Cazalilla, sino también de los pueblos limítrofes, como Espeluy, Villanueva de la Reina y Mengíbar. La traidicional bendición de las rosquillas del Santo culmina con la conservación por parte de las madres durante largo tiempo de estas rosquillas de pan "bendecidas por el santo", las cuales son comidas a pedacitos por los niños como eficaz remedio cuando se ven afectados por un golpe de tos. Del mismo modo se utilizan las cintas de colores que ha sostenido el santo en su mano, para que una vez colocadas en el cuello sirvan para curar y prevenir las afecciones de garganta.
Otra festividad que celebran los cazalilleros es la que tiene lugar el día tres de mayo, dedicada a la advocación mariana de la Virgen de la Cruz, y en la que existe la costumbre de ir en romería hasta un paraje situado en el camino de Villanueva de la Reina denominado el Charcón.
Existen, así mismo, otras dos festividades significativas en Cazalilla: la Candelaria, tradicional preludio de San Blas, donde existía la tradición de llevar a los niños menores de un año a presentarlos en la iglesia, en clara concordancia con la fiesta religiosa de la presentación de Jesús Niño en el Templo, y el Corpus Christi, donde se engalanan balcones y ventanas y se alfombran las calles con juncia.
En su término está documentada la presencia humana desde la Edad del Cobre, tanto por la cerámica recogida en su casco urbano como por el asentamiento del Cerro de la Coronilla, en el Cortijo de la Atalaya. En torno al II milenio este centro se abandonó y volvió a ser ocupado a finales del siglo VI a. C. en la etapa más antigua de la cultura ibérica. En época romana existió un poblamiento disperso, probablemente villae, una de ellas situada en el actual emplazamiento de Cazalilla.
En época árabe fue uno de los iqlims en los que se dividió la Cora de Jaén, época de la que se encontró en la localidad una lápida sepulcral con el epitafio de un tal Ahmad b. Mauro o Mawru, que murió en el año 885, si bien los investigadores opinan que la localidad ya existiría en época visigoda pues dicho nombre es de raíz latina, lo que podría indicar que era un muladí (cristiano convertido al Islam).
En la reconquista aparece el nombre de Caztalliella en la delimitación de términos entre Jaén y Martos. En el Sínodo de 1311 aparece como una de las parroquias del arciprestazgo de Jaén.
En la segunda mitad del S.XV, durante la guerra entre la nobleza y el rey Enrique IV, Cazalilla es nombrada en diversas ocasiones con relación a su castillo. Uno de los hechos más significativos fue el acaecido el 23 de diciembre de 1471, cuando Fernando de Acuña, hijo del conde de Buendía, fue prendido por el alcalde del castillo, Diego de Frías, y lo entregó al Condestable Iranzo. Del castillo solo queda el dibujo realizado por Ximena Jurado en el S. XVII. Este no fue el único bastión defensivo que existió en Cazalilla, ya que en el municipio también se localiza la Torre de María Martín, que formaba parte del conjunto de fortificaciones de vigilancia y control del territorio.
En la Edad Moderna la localidad sigue las pautas del resto de la provincia, con la recuperación socioeconómica en el XVI y la depresión en los S. XVII y XVIII. En el S. XVII cambia institucionalmente a villa, segregándose jurisdiccionalmente de la ciudad de Jaén.