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Municipio del oeste de la comarca de Sierra Mágina, cuyo término municipal se adentra por el extremo nordeste en el Parque Natural de Sierra Mágina, que forma parte de la Subbética y que ofrece bellos y espectaculares paisajes. La localidad se encuentra a los pies de la Serrezuela, a 798 m. sobre el nivel del mar, donde aflora el manantial de la Fuente de la Reja que abastece a la Charca y a la Huerta, elementos exclusivos del paisaje local de Pegalajar.
El término municipal de Pegalajar ocupa una extensión de 80 km2, y está ubicado en el valle del río Guadalbullón, a unos 18,8 km. de la ciudad de Jaén. La pedanía La Cerradura forma parte del municipio.
El olivar, convertido prácticamente en monocultivo, ocupa las laderas descendentes de los numerosos picos que coronan la geomorfología de Pegalajar, concentrándose en las zonas sur y este y ocupando aproximadamente la mitad del término municipal. La economía se basa en el olivar y la industria almazarera.
En el municipio de Pegalajar hay 26 bienes declarados Patrimonio Inmueble de Andalucía, siendo seis de ellos también Bien de Interés Cultural. Citamos: La Iglesia de Santa Cruz, Torre de la Cabeza, Arco de la Encarnación, Castillo de las Peñuelas, Arrabal medieval, Casa Consistorial, ermita de la Virgen de las Nieves, La Fuente de la Reja, la Charca y la Huerta, los Molinos, la Plaza de Toros, las Cuevas de la Serrezuela…
La Huerta de Pegalajar junto con la Charca, es un Bien de Interés Cultural, por ser un modelo emblemático de interacción hombre-naturaleza.
La Serrezuela de Pegalajar es un monte mediterráneo, con una gran masa de pino carrasco de repoblación, encinas de regeneración natural y otros arbustos (majuelo, enebro, torvisco…). Muy abundantes son también las plantas aromáticas (romero, alhucema y tomillo). Entre su fauna hay grandes rapaces (águila perdicera, cernícalo común), rapaces nocturnas (búho real, mochuelo y autillo) y cabras montesas en las zonas rocosas.
Actualmente se aprovecha esta sierra para hacer deporte en la naturaleza: senderismo, bicicleta de montaña, escalada, bulder, vuelo libre… Dispone de dos miradores con unas espléndidas panorámicas del entorno montañoso, y un área recreativa conocida como “Siete Pilillas”.
Pegalajar cuenta con numerosos parajes naturales de alto interés tanto ambiental como cultural. Entre ellos destacamos los siguientes:
Otros parajes de interés merecedores de ser visitados serían: Valle del Guadalbullón (La Cerradura) y Valle del Bercho.
Las primeras referencias documentadas se remontan a la Edad de Bronce. Se ha encontrado en la Cueva de los Majuelos, descubierta en los años 70 del siglo pasado, un enterramiento colectivo con restos humanos e instrumentos tallados en hueso y sílex, piedra pulida, restos cerámicos…
Otra de las referencias prehistóricas es el cerro de la Torre de la Cabeza en la que se mezclan restos de época del Cobre, Bronce, Ibérica, Romana y medieval.
De época romana se han localizado yacimientos esparcidos por el término municipal, correspondientes a pequeñas necrópolis y villas que nos indican la existencia de un hábitat disperso, con una economía agro-ganadera. Una de estas necrópolis es la del Puerto Alto, donde aparece también cerámica de tierra sigilata, trozos de tégula romana y un altar labrado en piedra. Hay localizadas otras, como la Canteruela, los Charcones, incluso en las inmediaciones de la Torre de la Cabeza se ha localizado cerámica romana hecha a torno. Los cuatro miliarios hallados en 1975 en La Cerradura nos dan a conocer la existencia de una importante vía romana que pasaba por esta localidad. La inseguridad de la zona en la Edad Media se refleja en la desaparición de los caseríos romanos esparcidos por el término y la ocupación de la fortaleza natural de la Peña de los Buitres, donde se construyó un aljibe que aún se conserva.
El origen de la villa es de la época de Al-Ándalus. Su existencia gira alrededor de la Fuente de la Teja, origen acuático de La Charca. Con la paz y el auge del califato entre los siglos X y XI debieron de ampliarse las redes de acequias y bancales que forman la huerta de Pegalajar.
La conquista cristiana se llevó a cabo junto a la de Jaén por Fernando III, que también se adueñó del castillo de Pegalajar. El primitivo recinto musulmán fue ampliado tras la conquista, con la construcción de un segundo recinto y reforzamiento del primero con torres circulares más resistentes al ataque de la pólvora.
Desde la conquista en 1246, fue aldea de Jaén, formaba parte de su alfoz y su proximidad al reino musulmán de Granada la convirtió en defensa fundamental de esta ciudad, hasta la finalización de la Reconquista en 1492. En esta fecha pierde el valor estratégico de su castillo, pero no su importancia económica, porque a los pies de la fortaleza se extendía una fértil vega de huertas y olivos, heredada de los árabes.
El origen de la población de Pegalajar tras la Reconquista estuvo unida a la ciudad de Jaén, de quién dependía administrativamente. Esta población estaba formada por hombres llegados en el siglo XIII desde varias zonas castellanas.
En 1559 el rey Felipe II le concedió a Pegalajar un privilegio real por el que le reconocía la exención de Jaén y el título de villa a cambio de un servicio a la Corona de una cantidad importante de maravedís. El municipio inicia un período de mejoría económica y demográfica.
Tras la crisis del XVII, aumentada por las pestes y hambrunas en el siglo XVIII, se produce un lento crecimiento demográfico que lleva a la ampliación de las tierras de cultivo y de las distintas producciones, crecimiento que se mantuvo hasta mediados del siglo XX en el que, como en el resto de la provincia, se produce una importante emigración a las ciudades en busca de una vida mejor.