VARIANTE GR 247.2 ETAPA 1: Refugio Campo del Espino - Coto Ríos

Descripción

Esta larga Etapa del GR 247 es muy especial porque recorre a lo ancho el corazón mismo del Parque Natural, bajando desde la severa e imponente altiplanicie de Los Campos de Hernán Perea, a 1700 metros de altitud, hasta el Valle del Guadalquivir, a 1000 metros menos de altitud. Esto permite disfrutar de fuertes contrastes paisajísticos que son un buen exponente de la diversidad de ambientes de estas sierras.

Comenzaremos la ruta en los desarbolados pastizales de altura de Los Campos, de amplias panorámicas y límpidos cielos. Bajaremos desde allí a la Aldea de La Hoya de La Albardía, despoblada, en una recoleta y bellísima vega rodeada de montañas.

Después tomaremos una senda que baja por un agreste barranco cubierto de pinos hasta otro lugar emblemático del Parque Natural, la cortijada de La Fresnedilla, al pie de los impresionantes farallones del Banderillas, y que fuera escenario de la resistencia del último morador de estos parajes, Máximo Fernández Cruz, apodado “El Cojo de la Fresnedilla”, contra la expulsión forzada de las personas que vivieron en estos valles hasta la década de los 60 del siglo XX.

Más tarde la ruta discurre junto al Río Aguamulas, uno de los primeros afluentes de montaña del Guadalquivir, de aguas limpias y salvajes, donde campea la trucha común y salta el mirlo acuático de roca en roca. Siempre inmersos en el bosque, acompañaremos a este río hasta su desembocadura en el Guadalquivir. Luego caminaremos plácidamente cerca de este último, el gran río de Andalucía, que aquí es aún muy joven, pero de cauce más amplio y aguas más tranquilas que su tributario el Aguamulas.

La Etapa acaba en la Aldea de Coto Ríos, un lugar agradable y tranquilo a orillas del Guadalquivir, situado en un lugar muy estratégico desde el punto de vista turístico y lugar de inicio de la segunda Etapa de esta Variante, que nos llevará a la vertiente opuesta del Valle del Guadalquivir.

Por recorrer parte de los lugares menos habitados y más abruptos del Parque Natural, nuestra ruta es un excelente escenario –si la suerte nos acompaña- para ver de cerca gamos, ciervos, muflones, jabalíes y cabras monteses, además de buitres y diversas aves rapaces, sin olvidar que podemos tener la fortuna de ver volar a algunos de los quebrantahuesos que han sido reintroducidos en el Parque.

Senderismo

Datos de interés

Distancia: 22500

NOMBRE DE LA RUTA

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TIPO DE SENDERO

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DIFICULTAD

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DISTANCIA TOTAL (EN KILÓMETROS) 22500

  • Tramo de asfalto o cemento: --

  • Tramo de pista o camino forestal o rambla: --

  • Tramo de senda: --

  • Tramos de vía pecuaria: --

HUSO 30S

Según Proyección UTM Datum ETRS89

TIEMPO DE MARCHA ESTIMADO

5 h 55 min

TIPO DE FIRME

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DESNIVEL MÁXIMO 1085 mm

154 mm

1182 mm

DIFICULTAD. VALORACIÓN SEGÚN MÉTODO MIDE

2

MEDIO

Severidad del medio natural

1

ITINERARIO

Orientación en el itinerario

2

DESPLAZAMIENTO

Dificultad en el desplazamiento

3

ESFUERZO

Cantidad de esfuerzo necesario

TIPO DE ACCESIBILIDAD

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EPOCA DEL AÑO

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SEÑALIZACIÓN

No

MÁS INFORMACIÓN

TÚNELES

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VIADUCTOS METÁLICOS

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PASARELAS METÁLICAS

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PUNTOS DE AGUA

Refugio Campo del Espino (aljibe), Casa Forestal de Los Bonales, Coto Ríos

PONTONES

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CASETAS DE GUARDAS BARRERAS

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CASETAS DE GUARDA AGUJAS

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CICLABILIDAD

La Etapa discurre por senda entre los kilómetros 2,9 y 8,4, donde se encontrarán algunos tramos con fuerte pendiente, especialmente en los últimos 700 metros.

ÁREAS DE RECREO O DEPORTIVAS CERCANAS AL SENDERO

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PUNTOS DE AVITUALLAMIENTO

En el sendero: Coto Ríos
Cerca del sendero: No hay

ENLACES A OTROS SENDEROS

GR 7

REFUGIOS

En el inicio: Refugio Campo del Espino. En el final: no hay.

RECOMENDACIONES

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OTROS DATOS DE INTERÉS (ARQUITECTÓNICO O HISTÓRICOS-CULTURALES, GEOLÓGICO-ECOLÓGICO)

Los tornajos: un patrimonio etnográfico y un hábitat para la fauna que se pierde

En esta y otras Etapas del GR 247 el senderista verá viejos tornajos hechos en pino que son muy característicos de estos paisajes serranos, sobre todo en las zonas altas donde abunda el ganado ovino.
Los tornajos son abrevaderos que se hacían ahuecando un pino, que se colocaba junto a una fuente o manantial en pleno monte para retener el agua circulante y facilitar su disponibilidad para el ganado. El pino que se utilizaba era el salgareño, que es como aquí se le llama al pino laricio (Pinus nigra ssp. nigra). Al conjunto de varios tornajos, dispuestos de manera que unos vierten sobre otros, se le llama tornajera.

Lo habitual en otras zonas de España es que estos abrevaderos se construyeran con piedra, pero aquí siempre tuvo más éxito el pino, tanto por su disponibilidad como por su resistencia, ya que, mientras el tornajo tenga agua, sus grietas se cierran por la dilatación de la madera y aguanta décadas.

Poco a poco, los tradicionales tornajos de las Sierras van desapareciendo. Y con ello se pierde cultura, paisaje y biodiversidad. Muchos de ellos han sido sustituidos, primero, por abrevaderos de cemento, y después, por los metálicos, de estética chirriante.

Con cada tornajo que se pierde, se va una porción de la cultura ganadera y sus oficios artesanos. Se va un elemento que da carácter y personalidad al paisaje serrano.

Se va la huella y la memoria de las gentes que han modelado ese paisaje. Incluso se va un poco de nuestro patrimonio natural, porque cada tornajo supone un pequeño ecosistema que saca su mejor partido a ese elemento mágico y siempre escaso que es el agua: estas pequeñas balsas de madera son un paraíso para los anfibios, entre ellos el pequeño sapo partero ibérico (Alytes dickhilleni), una especie exclusiva de las sierras del sureste ibérico cuyos renacuajos prosperan felizmente en los tornajos, pero se cuecen en los abrevaderos de metal.

En definitiva, los tornajos son un pequeño, pero significativo exponente de todo lo bueno que ocurre cuando hay sintonía entre hombre, naturaleza y cultura, en el fondo, tres maneras de decir lo mismo.