Descripción
Las hornacinas son a huecos, generalmente con forma de arcos, realizados en paredes. En ellas se colocaba una imagen votiva. También, reciben el nombre de nicho.
En las calles de Mengíbar hay un gran número de hornacinas, en las que se veneran a crucificados e imágenes de la Virgen María en sus distintas advocaciones: del Carmen, de la Cabeza, etc. El origen de estas se remonta al siglo XVII, cuando las autoridades eclesiásticas de la ciudad solicitan la colaboración de los vecinos para construir 14 hornacinas en las calles por las que discurrirían las procesiones de Semana Santa. En las hornacinas se instalaron cruces, facilitando a los feligreses los rezos pertinentes a las Estaciones del Santo Vía Crucis.
De entre todas las hornacinas, destacan la de los Hermanos Fernández con la Cruz de Caravaca, muy venerada por las mujeres embarazadas con el fin de tener buen parto, la de Antonio José de la Chica o Pozuelo, cuya devoción ha sido constante a lo largo de los siglos, y la de García Morato o Alta, una de las más veneradas y mejor decorada.