ETAPA 06: Refugio C.F. Hoya de los Trevejiles- ZAC Fuente de los Cerezos
Descripción
Es una etapa que se desarrolla en zonas bajas del parque natural, entre los 550 y 950 metros de altitud, en la que hay que destacar lo escarpado del territorio, la amplitud de vistas en todo el recorrido y la riqueza botánica y faunística de la zona. Parte de la casa forestal de la Hoya de Los Trevejiles, que es una de las mejores del parque natural por su situación, conservación y arquitectura. Descenderemos a lo más profundo del valle del río Guadalquivir, visitaremos el Área Recreativa Charco del Aceite, con una excepcional zona de baño de aguas cristalinas y frías, y cruzaremos por el Puente de los Agustines, uno de los pocos accesos a la Sierra de las Villas. Entre pinares, olivares serranos, nogales, madroñales, lentiscares, encinares y coscojares, el sendero nos asomará al balcón natural de la Ermita de la Hoz, contemplando extensos olivares hacia Iznatoraf, los Picos del Guijarrón (o Quijarón) y las Cumbres de Beas, el Poyo de Andaragasca y la Lancha del Tosero.
La verticalidad de los paredones calizos nos imponen un recorrido sinuoso, los grandes buitres leonados otearán continuamente nuestros pasos desde el cielo, mientras los ciervos, jabalíes y cabras monteses nos sorprenderán en algunos de los rincones más bellos de este territorio. Y nos impregnaremos de la forma de vida ancestral que mantienen los pocos habitantes de estas sierras, que han luchado durante siglos para ganar terreno a la montaña para poder cultivar olivos, frutales, hortalizas y cereal.
NOMBRE DE LA RUTA
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TIPO DE SENDERO
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DIFICULTAD
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DISTANCIA TOTAL (EN KILÓMETROS) 14660
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Tramo de asfalto o cemento: --
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Tramo de pista o camino forestal o rambla: --
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Tramo de senda: --
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Tramos de vía pecuaria: --
HUSO 30S
TIEMPO DE MARCHA ESTIMADO
4 h 44 min
TIPO DE FIRME
Pista forestal
DESNIVEL MÁXIMO 415 mm
770 mm
607 mm
DIFICULTAD. VALORACIÓN SEGÚN MÉTODO MIDE
2
MEDIO
Severidad del medio natural
1
ITINERARIO
Orientación en el itinerario
2
DESPLAZAMIENTO
Dificultad en el desplazamiento
3
ESFUERZO
Cantidad de esfuerzo necesario
TIPO DE ACCESIBILIDAD
EPOCA DEL AÑO
SEÑALIZACIÓN
No
MÁS INFORMACIÓN
TÚNELES
VIADUCTOS METÁLICOS
PASARELAS METÁLICAS
PUNTOS DE AGUA
Casa Forestal Hoya de los Trevejiles, Área Recreativa Charco del Aceite, Ermita de la Hoz, Zona de Acampada Controlada Fuente de los Cerezos
PONTONES
CASETAS DE GUARDAS BARRERAS
CASETAS DE GUARDA AGUJAS
CICLABILIDAD
Fuertes pendientes en tramos de senda entre Fuente Negra y el Charco del Aceite, así como entre La Loma de la Be y el Cortijo de Los Estrechos de la Hoz.
ÁREAS DE RECREO O DEPORTIVAS CERCANAS AL SENDERO
PUNTOS DE AVITUALLAMIENTO
En el sendero: No hay
ENLACES A OTROS SENDEROS
REFUGIOS
No hay. La pernocta puede hacerse en el Área de Acampada Controlada Fuente de los Cerezos.
RECOMENDACIONES
OTROS DATOS DE INTERÉS (ARQUITECTÓNICO O HISTÓRICOS-CULTURALES, GEOLÓGICO-ECOLÓGICO)
Los pastores de árboles
Esta etapa cruza el río Guadalquivir, que durante siglos no solo fue la arteria principal de la agricultura andaluza, sino también una verdadera autopista por donde se transportaron millones de troncos, dando salida a la riqueza forestal de estas sierras hacia Sevilla y otras ciudades. Los montes que hoy forman parte del parque siempre tuvieron un fuerte aprovechamiento forestal por la calidad de sus bosques de pino laricio o salgareño (Pinus nigra ssp. salzmanii). Antes de que existieran los modernos medios de transporte y vías de comunicación, la madera salía de estas sierras a través de los ríos.
Las conducciones fluviales de madera se vieron fuertemente impulsadas durante el siglo XVIII, cuando estos bosques atrajeron el interés de constructores y armadores, como suministradores de materia prima para la edificación civil y la construcción de barcos. Las maderadas bajaban por los ríos Guadalimar y Guadalquivir hacia Sevilla y por el Segura hacia Cartagena. En el siglo XIX llegó a haber maderadas que superaron el millón de piezas transportadas, pero a mediados del siglo XX este sistema de transporte quedó obsoleto ante la implantación del transporte por carretera.
Estas maderadas podían durar varios meses y movían río abajo importantes contingentes de pineros, acompañados por todo un operativo de intendencia compuesto por hateros o guisanderos, recaderos (que llevaban las raciones diarias de comida, llamadas recados), guardas, tenderos y pagadores. Los pineros conducían los troncos y traviesas con un largo palo cuyo extremo se insertaba en un gancho de hierro con dos puntas, una recta y otra curvada hacia dentro. Por eso también se les llamaba gancheros. Su oficio era peligroso y exigía gran destreza y capacidad de sacrificio.
La conducción estaba muy jerarquizada. Al frente estaba el maestro de río, bajo cuyo mando estaban los mayorales, responsables de dos a cuatro cuadrillas o compañas. Cada una de estas estaba formada por doce a veinte hombres mandados por un cuadrillero. Las cuadrillas de lantera abrían la conducción adobando el río, es decir, preparándolo para facilitar el paso de la madera en los lugares más accidentados del río o en los tramos en que quedaba seco, mediante represas, rampas y suelas, que eran canales hechos con los mismos troncos.
Las cuadrillas de zaga tenían que deshacer esas obras reincorporando la madera usada a la conducción, así como liberar los troncos enganchados en los accidentes del río y recuperar los anadones, o maderas que se hundían en el fondo. Para todo ello debían trabajar casi todo el día sumergidos en el río hasta la cintura.
J. Mañas Guspi hizo en 1898 todo un reportaje sobre los pineros en el que escribía:
«Los trabajadores (...) para entenderse o transmitirse las órdenes necesarias, tienen establecido un telégrafo de señales tan perfecto como rápido, que se emplea tras el silbido de aviso. Ejemplo de señales son el extender el brazo y mover el puño cerrado, denotando que se dé salida a la madera amontonada, o el poner la mano abierta de frente con el brazo extendido, para que se pase la madera, o cruzar ambas manos por encima de la cabeza, que indica alguna desgracia personal. Si esta fuese la muerte (...) se para la conducción durante todo el día, devengándose salario aunque el trabajo se suspende».